domingo, 28 de agosto de 2016

Senda

Este será un post medianamente largo. Advertidos están.

El 17 de mayo pasado renuncié a mi trabajo en Ericsson México.

No fue una decisión difícil, pero si fue una decisión complicada, sobre todo en el aspecto monetario.

Ya venía yo haciendo corajes por el área a la que me asignaron hace cerca de un año, en la cual nunca me sentí a gusto y los horarios jodidos me estaban matando.

Ese mismo día firmé todos los documentos pertinentes y me dieron mi cheque de liquidación. Pagué algunas deudas y regresé a casa contento y satisfecho por esos 6 años que pasé en esa empresa.

Quizás la parte complicada sea la de las (pocas) amistades que hice en esos años. Algunas de ellas valen la pena conservar por largo tiempo.

También ese mismo día me fui a ver a Enrique Bunbury por enésima ocasión, aunque esta vez fue gratis y muy cerca de casa. Disfruté mucho el concierto y hubo un par de canciones dedicadas.

Desde ese día me puse a pensar: "¿Qué carajos debo hacer de mi vida?"

Tenía varias opciones:

- Buscar otro trabajo
- Terminar mi proceso de titulación
- Empezar un posgrado
- Hacer cursos
- Ninguna de las anteriores, mandar todo a la mierda e irme a Estados Unidos.

Por obviedad, elegí la última opción.

Y una vez más, el mes de octubre será testigo de mi partida, sólo que muy probablemente sea permanente.

Ya tengo mi boleto de avión (sólo de ida) comprado. Ya están avisados mis familiares. Ya está todo listo, sólo debo esperar el día.

Mi familia me apoya, sobre todo mi padre y mi hermana (quien muy seguramente me siga pronto).

Y es cuando me lleno de nostalgia, porque sé que no volveré.

No extrañaré la violencia, los asesinatos, las marchas, el tráfico, los asaltos, el miedo a salir de noche.

Extrañaré a la gente. Esas personas que, de una u otra forma, han formado parte en mi vida.

Esos personajes incidentales, que conocí quizás unos meses, un par de días, una noche, o casi toda la vida.

"Actores poco memorables" diría un compadre conocido por muchos.

Me da nostalgia recordar. Siempre ha sido así. Me la paso añorando el pasado el 98.3% del tiempo.

Sé que no es bueno. Sé que no es sano. Pero no lo puedo evitar.

Serán pocos a los que vea antes de irme. Muy pocos.

A esos pocos, quiero agradecerles haber sido parte de mis casi 30 años de vida, en persona. Quizás acompañados de un buen trago, de un habano, de un café o simplemente agua embotellada.

Dejar todo atrás es complicado, y no por el hecho de viajar y establecerse, si al final uno se acostumbra y adapta a todo, menos a no comer.

Es complicado porque, de una u otra forma "ya te la sabes" aquí, en donde estás, en donde conoces. Y si ya te la sábanas, pa' que cobijas, ¿no?

Mi decisión va mas allá del trabajo. Obviamente pude haber buscado un nuevo empleo, o aceptar alguno de los que ya me ofrecieron por teléfono.

Pero no. No es mi plan. No está escrito en las estrellas que yo busque un empleo en el DF la Ciudad de México y Área Metropolitana.

No.

Mi plan dicta que tengo que emprender la aventura que no me haga volver y dejar de una vez lo que yo mismo no puedo (o no quiero) entender.

Esa canción de Héroes del Silencio siempre me ha traído recuerdos de un viaje que hice hace muchos, muchos años, mi segundo viaje a Córdoba, Veracruz.

(Voy a desvariar/recordar un poco)

Era 1999 estaba enamorado de Paola, la chica de 2° de secundaria a quien encontré de nuevo en noviembre. Estaba de vacaciones y había ido con mi madre a visitar a sus familiares en Córdoba, y recuerdo que antes de hacer maletas, gasté todos mis ahorros en un reproductor de cassettes para poder viajar con música.

Recuerdo perfectamente que mi ilusión era viajar escuchando todo el "Senderos de Traición" que mi padre había traído a casa el año anterior, entre otras tantas cintas que tenía, como una de rock en inglés y otra de Maná. Yep, Maná.

Íbamos en la carretera después de haber pasado Orizaba, y se escuchaba "Senda" en mis audífonos.

Me llenó de un sentimiento de soledad y a la vez, de fortaleza.

"Por una vez, lo que siempre soñé hacer, prométeme construir una senda que pueda recorrer..."

Recuerdo que el día que volví, ya habían entrado a clases y llegué a casa justo cuando salían mis compañeros de la escuela. Vi a Paola y nos dimos un beso muy efusivo, puesto que en todas las vacaciones no nos habíamos visto. Le di una carta. Nos besamos de nuevo y se fue a casa.

Ahora cuando vuelvo a escuchar esa canción,  me vuelve a llenar del mismo sentimiento, pero ahora mucho más marcado, quizás por la experiencia de los años, aderezado por el recuerdo nostálgico de aquel día de julio de 1999. Pondría la fecha exacta, pero tendría que buscar entre los baúles de recuerdos que tengo, los boletos del ADO.

Es complicado dejar todo atrás, porque dejo muchos pendientes, cabos sueltos y promesas no cumplidas.

Hay personas con las que me enemisté, con quienes quisiera, al menos, dejar una tregua y decir "Vale, no pasa nada." Pero sé que esas personas no piensan igual de tonto que yo, y que seguro un reencuentro no sería lo más conveniente. Quizás sea mejor así, dejar todo como está.

"Y no me siento capaz de iniciar nueva vida sin más..."

No tengo miedo de enfrentarme a algo como ésto. Sé que me costará trabajo, mucho esfuerzo, disciplina, dedicación y sufrir un poco, pero sé que todo eso tendrá una recompensa. Y esa recompensa es hacer una nueva vida lejos de aquí.

No estoy seguro de seguir escribiendo en este blog. Probablemente siga escribiendo, pero no aquí, lo he estado pensando. No puedo negarme el derecho a expresarme, aunque no sé si lo publique en algún lado.

Espero (im)paciente la fecha y hora de mi viaje.

"Prométeme construir una senda que pueda recorrer..."

Es curioso que esta nueva etapa de mi vida empiece justo cuando me acerco a los primeros 30 años de vida.

Por ahora, tengo que apresurarme a terminar papeleos, acomodar ropa, cosas, recuerdos y pedacitos de vida que me pienso llevar.

La cuenta regresiva sigue su curso...







miércoles, 9 de marzo de 2016

If


En estos momentos de mi vida empiezo a decir muy frecuentemente la frase “¿Qué hubiera pasado si…?” o más breve en inglés: “What if…?”

¿Qué hubiera pasado si no me pongo a escuchar el cassette de Héroes del Silencio que trajo mi padre una noche de 1998?
¿Qué hubiera pasado si no me hubiera animado a pedirle a esa niña de la secundaria que fuera mi novia?
¿Qué hubiera pasado si no me quedo en la Vocacional 10?
¿Qué hubiera pasado si no repruebo un año y hubiera salido con mi generación original?
¿Qué hubiera pasado si no voy a casa de José a “jugar Play” ese día que no tuvimos clase de física?
¿Qué hubiera pasado si nunca nos hubiéramos besado?
¿Qué hubiera pasado si nunca me hubiera animado a conocer a esa chica de Twitter, que después fue mi novia?
¿Qué hubiera pasado si no contesto esa llamada telefónica el último día de mi servicio social?
¿Qué hubiera pasado si no aceptaba el trabajo?
¿Qué hubiera pasado si no me mudo a Tlalnepantla, a compartir departamento?
¿Qué hubiera pasado si, el día que me fui a Texas, no le hubiera hablado a esa chica mientras bailábamos?
¿Qué hubiera pasado si le robaba un beso el día que fuimos al cine y tembló?
¿Qué hubiera pasado si no me hubiera deprimido?
¿Qué hubiera pasado si hubiera seguido con mi relación anterior?
¿Qué hubiera pasado si vuelvo la buscar por enésima vez?
¿Qué hubiera pasado si no hubiera encontrado a esa mujer, mi primer amor, en Facebook?
¿Qué hubiera pasado si no hubiera ido a Querétaro en diciembre pasado?
¿Qué hubiera pasado si no hubiera ido a trabajar hoy?
¿Qué hubiera pasado si hubiera ido al concierto de hoy?
¿Qué hubiera pasado si no escribía este post?

Creo que me pregunto demasiadas cosas, me preocupo por lo que ya no puede ser y nunca será.

Pero…


¿Qué pasaría si lo dejo de hacer?